jueves, 6 de agosto de 2015

Capítulo VIII (II)

II

Después de salir del hospital donde estuvo internada por un mes, Caroline se encontraba ahora en un pequeño automóvil rentado, acompañada por David, quien iba conduciendo, mas su apariencia demostraba una pesadez incontenible, su rostro se adornaba con ojeras de dimensiones ridículas, sus facciones se hallaban bastante demacradas y su mirada era apagada por la tristeza que recaía en sí como un pesado lastre llevado a cuestas.

La carretera por la que transitaban tomaba rumbo hacia las afueras de la ciudad.

- ¿A dónde vamos?, Preguntó Caroline, algo inquieta.

David continuó mudo, sumido en un mar de pensamientos e ideas inconexas entre las que buscaba explicación alguna para lo que estaba aconteciendo en su vida.

- ¿¡A dónde mierda me llevas!?, Cuestionó, ahora, Marion, con una ira incontenible y voz desfigurada, a lo que David respondió con una mirada colérica, llena de desesperación.

Continuaron el camino en silencio, se veía campo abierto, grandes planicies adornadas por plantaciones de infinitos colores que empezaban a florecer, pues se encontraban en plena primavera.

Finalmente llegaron, había una reja grande y un camino largo hasta la entrada principal, donde se leía la inscripción en letras un poco tétricas “Hospital Psiquiátrico Julio Manrique”.

Al ver esto, Caroline volteó a mirar a David, sus lágrimas corrieron por su rostro y preguntó. – ¿Es esto lo que realmente quieres?

- La verdad, ya no sé qué quiero, pues con lo ocurrido, si te soy sincero, he perdido toda voluntad de vivir, no quiero que me veas en este nefasto estado, pero sí quiero que mejores, es por eso que hago esto. Dijo David, sin tener la fuerza para poder verle a los ojos.

- ¿Por qué no te internas conmigo?, Cuestionó Caroline de súbito, pues tenía presente, y más que nadie, las graves aflicciones que dicho suceso habían provocado en David; conocía sus vicios los cuales también podrían ser tratados en dicha institución.

Aparcaron el auto frente a la entrada principal.

- No hagas esto más difícil, suplicó. Vendré a visitarte, te lo prometo.

- ¿Y de qué sirven tus putas promesas si sabes bien que serás incapaz de cumplirlas?, Replicó Marion con una sonrisa angustiosa y maquiavélica.

David bajó del automóvil y entró en la institución mientras Caroline le esperaba derrotada y sumida con gran melancolía.

Tardó entre 10 a 15 minutos en volver a salir, esta vez, acompañado por dos enormes señores, vestidos de blanco, calvos y de tez negra, quienes la condujeron bruscamente hacia la entrada de dicho claustro a pesar de que ella no oponía resistencia alguna.

Antes de ingresar, Caroline se volteó y observó a David, quien se encontraba ya con el carro encendido y con la ventana baja. – Me visitarás, ¿verdad?, Gritó entre sollozos. David asintió con gran desconsuelo más al haber perdido de vista a esta mujer tras las puertas del encierro, se marchó entre pensamientos aleatorios pero con un sufrimiento que se prolongaría durante mucho tiempo y sólo las drogas y el alcohol le permitirían huir de su pesarosa realidad.


Estando ya en este asilo, Caroline ingresó mediante un proceso vulgar y denigrante, le bañaron con una manguera que escupía agua a presión casi insoportable mientras ella, desnuda, contra la pared, batía sus brazos para evitar que el golpe del líquido le lastimase.

Posteriormente pasó por revisión general, donde se sintió infinitamente vulnerada, llegando casi al extremo de la violación.

Cuando estuvo en la valoración conoció finalmente al doctor de planta, un hombre alto, anciano, con el pellejo de su cara escurrido, lo cual le proporcionaba un aspecto similar al de un sabueso. Su voz era grave y demandante, emergía de pequeñísimos labios en extremo rígidos demostrando una seriedad casi maligna.

- ¡Qué mierda más tétrica dónde me has metido! Pensó con ira.

A su lado se encontraba un hombre de aspecto algo más amigable, aunque cabe resaltar que en esa situación hasta un enorme tiburón blanco hubiese parecido más amigable que el doctor de planta. Al menos su aspecto no era tan amenazador como el otro doctor, era extranjero. Su nombre era Alfred Woodcock. Era de mediana estatura, con una cara redonda y monomaníaca, en la cual portaba una sonrisa leve.

– Él será de ahora en adelante el nuevo especialista y quien se encargará de llevar a cabo su tratamiento. Dijo de forma seca el doctor de planta.

Woodcock no apartaba su mirada de Caroline, pues le habían hablado a grandes rasgos de su condición y el campo pertenecía al objeto de estudio con el que pretendía lograr reconocidos méritos.


Después de una breve entrevista con los doctores, Woodcock le abordó y procedió a darle un recorrido por la institución, conociendo otros pacientes y pabellones, los cuales eran totalmente idénticos, sólo cambiaban las personas que dentro de estos se encontraban. Todos tenían un olor penetrante por los químicos usados para la desinfección y limpieza que se realizaba cada mañana.

Recorrieron el ala este primeramente, donde se encontraban los pabellones donde residían los pacientes con enfermedades degenerativas o congénitas como el Alzheimer, Parkinson y Huntington entre otros, también allí se encontraba, algo escondida, la sala de terapias por electrochoques, desde el pasillo que conducía a la sala se notaba un cambio, tanto el suelo como las paredes eran en adoquines de cerámica de colores verdosos y blancos, Ka sintió un breve escalofrío al pasar por allí.

Hicieron una parada en el comedor, todavía no era la hora del almuerzo por lo que sólo echaron un breve vistazo. Posteriormente salieron a los campos de la institución. Era un área bastante grande pero, de igual forma, bien vigilada. Habían canchas para practicar deportes, mesas de ajedrez, sillas, árboles y flores por doquier. Ka instintivamente se fijó en un camino cubierto por árboles altos que llevaban en una senda hacia un montículo cuya cima se despejaba, dejando entrar un poco de sol en un escenario adorable.

Continuaron con el recorrido, pasaron por una enorme biblioteca, que se encontraba antes de llegar al ala este de la institución. Estaba muy bien adornada, con pisos en madera y estanterías repletas de literatura universal y médica. Eran dos pisos, con un diseño clásico bastante agradable, a pesar de esto, sólo seleccionados pacientes, aparte de todo el personal médico, podían acceder a esta gran bóveda de conocimiento.

Finalmente llegaron al ala este, donde residiría Caroline. En esta sección se hallaban los pacientes cuyas enfermedades eran un poco más tratables que las de otros pabellones: autismo, desórdenes, manías, síndrome de Asperger, entre otros.

La habitación donde instalarían a Ka era una de esas habitaciones totalmente acolchadas, en un estado algo desgastado pues algunas partes presentaban daños debido a que previos pacientes, en sus delirios, arrancaban pedazos de espuma y la podredumbre acompañante de los desechos del cuerpo se encargaban de terminar de corroer estos espacios que quedaban al descubierto.

El hedor era insoportable, habían tres personas con trajes blancos realizando la limpieza para que la alcoba quedara en condiciones, al menos, habitables.

Woodcock se disculpó por el estado del aposento, argumentó que el día anterior habían sacado de allí a una paciente con graves desórdenes del comportamiento, lo que le generaban ataques de ira y emprendía daños contra cualquier ser u objeto que se pasase por el frente, inclusive se auto flagelaba y esta fue la causa de su abducción, puesto que sus heridas auto infringidas eran lo suficientemente graves como para verse obligados a trasladarle a un hospital.

Allí presentaron a Ka con los pacientes con quienes residiría por tiempo indefinido.

La primera en recibir presentación fue Elissa, una mujer caucásica de mediana estatura, un poco regordeta y de expresión jovial. Una sonrisa enmarcaba a toda hora el cuadro de su rostro y sus ojos seguían cuanto movimiento pudiesen captar, como si estuviese en un estado de alerta eufórica en todo momento. Era de cabello castaño, crespo, casi inamovible por su enmarañada contextura, su expresión corporal daba a entenderle como una persona angustiosa e impaciente, sus manos no cesaban de moverse de un lado a otro, y seguían las palabras con gestos que apoyaban su retórica, un poco precipitada.

Luego vino Jorge, un paciente con un autismo severo, era de tez morena ojos negros y profundos, de facciones suaves e inexpresivas. Muy pocas palabras salían de su boca, más su mirada, algo enternecedora, gritaba heridamente buscando la comprensión. Era alto, con grandes manos y uñas carcomidas hasta la raíz. Su vista se perdía en todo momento, esquivaba el contacto, más cuando sus ojos se posaban en un determinado objeto o ser, era casi imposible hacerle retomar conversación.

Sin embargo, se mostraba mucho más enfocado en compañía de Natasia, a quien proclamaba como su “hermana” y en quien encontraba un regocijo anormal.

Natasia era una mujer que había nacido sin los sentidos del habla, la escucha ni la vista, lo que le permitía una percepción trascendentalmente distinta de la realidad, pues su incomunicación con el mundo exterior le permitiría desarrollar aspectos del fuero interno que ningún otro ser hubiese podido desplegar, no obstante, su limitación también era un factor a tener en cuenta, ya que le era mucho más difícil la asimilación de conceptos, ya fueran sencillos o complejos, debido a la misma.

De por sí, Natasia pudo comprender las letras y los números en su totalidad a la edad de 18 años y desde entonces había estado intentando leer en braille, pero todavía se le dificultaba bastante. Era en extremo bella, de facciones suaves, pulidas, de tez blanquecina y mediana estatura. Sus ojos color gris verdoso destellaban a pesar de ser tan inservibles como dos perlas cuyo único objetivo es puramente ornamental. Su cabello era crespo, rubio, cascadas de oro que se desbordaban sobre sus finos hombros y daban contra sus firmes pechos, algo pequeños, y perfectamente redondeados. Se le veía sonreír poco, pero cuando lo hacía, destellaban hileras de dientes perfectamente blancos y enfilados, que irradiaban una sensación más allá de la alegría.

Finalmente, por allí pasó John. Era un ser enigmático, introvertido hasta el absurdo, de mirada esquiva y sonrisa nerviosa. Su postura le demostraba como si se enclaustrase en sí mismo, con una joroba que cargaba su retraimiento, enroscándose sobre sí, con las manos siempre juntas y en movimiento. Era totalmente calvo con cicatrices, algunas profundas, otras todavía frescas, que se generaban tras lesionar su piel  con las uñas. Su boca, muy pequeña, susurraba a sus manos palabras irreconocibles e ininterrumpidas, lo que le daba un último toque macabro a este hombre.

- Padece esquizofrenia neurodegenerativa. Apuntó Woodcock al notar la pesadumbre de Caroline al haberse marchado John.

Caroline le observó brevemente, mientras su mueca continuaba inamovible.

- He de irme, instálate en esta habitación. Vendré a visitarte en los próximos días.

Ka, sin apartar su mirada asintió y continuó, meditabunda, evaluando su situación.


La primera noche llegó, Ka veía su situación como un absurdo inconcebible que muy seguramente sería un sueño, bastante lúcido, por cierto, pero que en algún momento debería despertar.

Más la triste realidad es que esto no era un sueño ni una alucinación de percepción tergiversada, Caroline (y Marion) se encontraban enclaustradas en este hospital y el primer paso que deberían dar era la aceptación de su situación.

Con premura se acostaron y buscaron conciliar el sueño, aunque no vino sino hasta después de varias horas de maquinaciones frenéticas y espera sin sentido; de revuelos mentales y emocionales que darían paso a una conclusión “Si en la mañana despierto aquí mismo, sabré que no es un sueño y que estaré obligada a sobrevivir en este medio, por más abrumador que me parezca”.

Sus ojos finalmente se cerraron y durmieron con sueño intranquilo.


Era Viernes, el frío de la mañana despertó a Marion, estaba  lloviendo, su cuerpo reposaba contorsionado debido a la tensión de saber y aceptar, desde la noche anterior, inconscientemente, que despertaría en el mismo lugar y situación.

La resignación desoladora abatió su ser, dejándose tendida en la misma posición en la que se había despertado durante toda la mañana, ni siquiera asistió al desayuno y antes de dar la hora del almuerzo a su cuarto entró Jorge quien notó el cambio en la mirada la cual denotaba la presencia de Marion.

- ¿Quién eres?, Preguntó Jorge.

Marion le observó descargando su ira en una única mirada.

- Sabes que no me puedes matar a punta de miradas, ¿cierto?, Dijo con algo de ironía, lo que enardeció aún más la ira de Marion.

- ¿Qué quieres?, Finalmente respondió Marion con voz demandante, pero Jorge permanecía inmutado y su mirada había quedado fija en un punto en el vacío de la habitación.

- ¿Qué puta mierda pasa?, Pensó Marion.

Se incorporó y se acercó a Jorge, su mirada no se despegaba del sitio donde se había postrado, Marion intentó observar con curiosidad lo que tanto atraía la atención de Jorge, pero al no denotar algo fuera de lo normal optó por bloquear su campo de visión entrometiéndose entre Jorge y su punto de enfoque, pero al estar allí, frente a Jorge no pudo percibir ni el más mínimo cambio en su expresión.

- Jorge no está. Dijo Elissa mientras se asomaba por el espacio que dejaba la puerta entreabierta.

Marion le observó interrogativa.

- Ocurre que por su autismo, él pierde el hilo de ideas y cuando logra enfocarse en una cosa específica, puede pasar horas en esto, antes de que vuelva a retomar una idea previa, si es que la retoma.

Pasaron varios minutos en silencio.

- ¿Vamos a almorzar?, Preguntó Elissa, algo tímida, todavía refugiándose parcialmente tras la puerta.
Marion, cavilosa, asintió levemente, pues a pesar de que no sentía apetito alguno, sabía que había pasado casi todo un día sin probar bocado.

- ¿Y Jorge?, Preguntó antes de disponerse a salir de su habitación.

- Estará bien, muy seguramente regresará en un rato.

Le observaron una última vez y se dirigieron al comedor.

Mientras hacían la fila para recibir su alimento, Elissa le dio ciertos consejos a cerca de la comida de este lugar.

- Lo único confiable de esta cafetería son las verduras, pues son cultivadas aquí mismo, en un invernadero que se encuentra situado en los límites de los terrenos de la institución. De resto debes procurar evitar las carnes y bebidas de este sitio, pues existen rumores, como en todo lugar, a cerca de la procedencia de estos.

Marion le observaba algo incrédula, sin embargo escuchaba todo lo que le decían con algo de curiosidad.

Pasaron con sus bandejas, les sirvieron frijoles guisados, un pedazo de carne descolorida, con un aroma bastante fuerte, y ambas pidieron agua para tomar.

Mientras les servían, Elissa no apartaba su mirada de la cara de Marion quien evaluaba milimétricamente el alimento servido.

- He tenido que comer peores cosas, pensó.

Se sentaron a la mesa y la carne estaba asquerosamente adobada, con un exceso de condimentos que no permitían siquiera apreciar sabor alguno. Marion empezó a toser por el extraño sabor, tomó el vaso de agua de un solo trago y corrió hacia su recámara sin probar más.

Pasó de largo corriendo, sin apartar la vista del suelo, por la salida a los campos y por la biblioteca, al llegar al corredor donde se hallaba su habitación corrió a través de éste pero se equivocó por dos puertas y entró a una habitación en extremo oscura, con las paredes corroídas con tonos ocre procedentes del desgaste y la suciedad, donde se veía un ser inerte en una esquina. Sus ojos brillaban con un color amarillento y el aire que exhalaba, se veía en la penumbra, como vapor hirviendo que emergía de sus fauces, de repente, alzó su brazo, totalmente negro, cubierto por lo que parecía una capa de brea que supuraba de llagas y ampollas cuya presencia daban un aspecto más que grotesco. Sus dedos, que en las puntas cargaban con uñas en extremo largas y afiladas, señalaron la habitación del frente.

Marion, estupefacta, no pudo apartar su vista de tan extravagante ser, todo estuvo en una tensa quietud, más este ser no bajaba su brazo ni cambiaba de dirección su señalar, a donde también apuntaban sus ojos fosforescentes medianamente cubiertos por cabellos lacios, en extremo sucios y grasientos. Su respirar se tornó más agitado y el vapor llenaba cada vez más la oscura habitación, hasta el punto en que se empezaba a perder la visibilidad.

Pasaron varios minutos inmóviles.

En un momento de decisión, Marion giró a ver qué era lo que señalaba dicha criatura, y al girar su cabeza pudo observar a Jorge dibujando frenéticamente sobre las paredes de su habitación, el aire se tornó más denso pero al regresar su mirada, vio todo lúcido e impecable, la luz entraba por la ventana y habían algunos lápices de colores y hojas de papel regadas en el suelo, justo donde caía el sol.

Detalló todo con una profunda extrañeza, más al no divisar nada fuera de lo normal, se dirigió hacia donde se encontraba Jorge.

Al entrar a la habitación, notó que todas las paredes estaban rayadas; habían pocos dibujos y escritos legibles, la mayoría eran dibujos sobre dibujos y escritos sobre escritos, todo envuelto en una mescolanza inentendible, o tal vez entendible únicamente para quien los hubiese realizado.

Jorge continuaba dibujando formas circulares, a pesar de que ya había un gran círculo enteramente negro y perfectamente redondo. Marion se acercó un poco para divisar más de cerca a Jorge y de repente él giró su mirada hacia la habitación de donde Marion provenía. Regresó su mirada y continuó retiñiendo el círculo, mientras susurraba palabras inaudibles y su dibujar se tornaba desesperado, como si buscase hallar algo al fondo de un agujero, algo que le sacase del tormento.

El sudor empezó a correr por la frente de Jorge a medida que se aceleraba más y más en su dibujar, la temperatura del ambiente aumentó drásticamente, hasta tal punto en que Marion encontró dificultoso respirar. De repente, la mirada enajenada de Jorge vislumbró un terror inconmensurable, su expresión ya no era serena, y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, Marion, sofocada, se acercó a él y pudo escuchar entre su palabrerío “-Ayúdame”.

Jorge se detuvo.

Largas uñas atravesaron la pared por donde el gran círculo se hallaba dibujado, se sostuvieron de los bordes y el ser anteriormente descrito emergió lentamente, mientras los que allí se encontraban veían estupefactos tan contundente aparición.

 Sus ojos fulguraban, ahora, más que en la anterior ocasión, tendió sus brazos y tomando a Jorge por el cuello, con el cuerpo a medio emerger de la pared, empezó a acariciarle la cabeza mientras halaba a esta persona. Marion no creía las visiones que sus ojos le mostraban, intentó apartarlos, más no logró evitar que este ser extraordinario tomara a Jorge y le sumergiera entre los confines irreconocibles de donde provenía.

Tras haber sido arrastrado casi en su totalidad dentro del agujero, Marion tomó a Jorge por las rodillas e intentó sujetarle con todas sus fuerzas, gritaba y gemía por ayuda pero nadie acudía a su amparo. Cuando sólo quedaban las pantorrillas, Marion sufrió un desliz que le dejó tumbada en el piso y con un zapato de Jorge en la mano. De frente, veía el agujero, ahora completamente inerte y bidimensional. Jorge había desaparecido y una preocupación paranoica invadió a Marion.

Sabía que no podía contar a nadie lo ocurrido, pues nadie le creería.

Corrió hacia su habitación y estuvo allí inmóvil, maquinando, inventando posibles explicaciones que albergasen lo recién acontecido, más no pudo dar con algo lo suficientemente cuerdo como para sustentar dicha experiencia.

Se retorcía en una esquina del cuarto, intentando observar todas las demás esquinas al mismo tiempo, pues temía por su vida, había visto a este ser llevarse a Jorge y muy posiblemente ella sería la siguiente, o eso pensaba. Estuvo en este estado hasta la madrugada donde el cansancio físico y psicológico le llevaron a la pérdida del conocimiento, desmayándose en la misma posición en la que se encontraba.


Elissa fue llevada a un pequeño recorrido, el cual realizaban una vez al año con ciertos pacientes, durante un fin de semana completo. La preocupación de Marion era tan notoria que en el momento que retomó Caroline, supo instantáneamente que algo bastante grave había acontecido. Marion compartió algunas de las extravagantes visiones, y Caroline, víctima de la estupefacción, se enclaustró en sí misma, evitando al máximo el contacto con cualquier ser viviente que le rodease.

Tuvieron que llevarla casi a la fuerza hasta el comedor, porque no había casi almorzado el día anterior ni había siquiera asistido a la hora de la cena.

Tomó el desayuno sin prestarle mayor atención a lo que ingería, pues su mirada se encontraba en múltiples puntos a la vez, sosegando el frenesí que le causaba pensar que algo podría pasar, más antes de poder terminar, se escuchó un gran alboroto.

Se vieron pasar varios ayudantes con una camilla y equipo de reanimación hacia el ala oeste.

Caroline presintió lo peor. Se incorporó y corrió hacia donde vio pasar las camillas, unas pocas personas le siguieron.

Al llegar al ala oeste de la institución, Caroline empezó a buscar, pasó por la sala de electrochoques y por el pabellón sin encontrar acontecimiento alguno, más al salir del pabellón notó un ruido proveniente de las duchas.

Se acercó con sigilo a las duchas de hombres y allí vio a dos personas de espalda vestidos de blanco, eran buitres. En el suelo, al lado de las escaleras, yacía Jorge desnudo e inmóvil.

- ¿Cómo ha pasado?, Cuestionó uno de los buitres.

- Al parecer resbaló y cayó de espaldas contra la escalera, tiene múltiples fracturas en la columna y el cuello. Murió instantáneamente.

Al escuchar esto, Caroline no se pudo contener, lanzó una mano a su boca e hizo un leve gemido y sollozó lo más silenciosamente posible para no ser escuchada, pues debía esperar el momento oportuno para poder observar el contorno de su cuello, por si tenía marcas de los brazos del ser que le había raptado el día anterior. Pero al ver por entre un claro mientras que uno de los buitres se adentró un poco en el baño para sacar de su maletín una sábana blanca, pudo observar con detenimiento que sobre su torso y cuello no había marca alguna.

- Malditasea, estás alucinando Marion, retoma la compostura. Pensó Caroline desde su tristeza.

Estuvo de pie junto a la puerta, angustiosa, intentando resolver el por qué Marion había visto esa figura mórbida raptando a Jorge.

Finalmente optó por preguntar si habían visto a Jorge el día anterior después del almuerzo, a lo que muchos respondieron negativamente, generando más misterio alrededor del asunto. Se entrevistó con varias personas que le repetían esta negativa, lo que generaba en ella a cada respuesta más desconsuelo e incertidumbre, pero al llegar donde se encontraba Natasia, le preguntó a cerca de Jorge, ella asintió y le hizo entender que él había estado con ella un rato en la tarde y que luego iba al montículo en el campo de la institución, pues allí encontraba un sitio específico para abstraerse del todo. Esto le tranquilizó un poco e inquirió sobre una posible esquizofrenia por parte de Marion, pues el choque de encontrarse en tal lugar, había causado graves repercusiones en su psiquis, más prefirió omitir este detalle para evitar un tratamiento más abrupto de su condición.


Cuando Elissa estuvo de regreso tras su fin de semana por fuera de la institución, estaba tan entusiasmada hablando de su “aventura” que ni siquiera se dio cuenta de la ausencia de Jorge, pero al pasar una semana sin haberle visto, empezó a preguntar, más con el fin de evitarle tristezas la engañaron, diciéndole que había sido trasladado a otra institución, Caroline prefirió no engañarla, pero tampoco le dijo la verdad, optó por callar cuando se tocaba el tema, pues su recuerdo era algo traumático y prefería dejar este episodio en el pasado, aunque el remordimiento de mentirle a Elissa le pesaba bastante, por lo que empezó a pasar con ella más tiempo.

Al cabo de varias semanas, Caroline recibió una visita inesperada de David, él se encontraba en un estado de aturdimiento bastante profundo, pues antes de acudir allí, había tomado una dosis importante de heroína.

La visita fue algo corta, David sólo asentía atontado, mientras que Caroline se desbordaba en añoranzas y relatos que acontecían en el diario vivir en esta institución, más cuando tocó el tema de Jorge y la visión que había tenido, David se espabiló momentáneamente y su rostro se tornó sombrío y pensativo.


Terminando la entrevista, Marion le reprochó una vez más a David el por qué de su situación, a lo que recibió como respuesta sólo un gesto desanimado. Cuando concluyó la visita, David se despidió desganado y se marchó, dejando un profundo desasosiego en el alma de Ka.

jueves, 30 de julio de 2015

Capítulo VII (III)

III

<<Miércoles, 13 de Septiembre, 1995

Elissa hasta ahora se ha enterado de la muerte de Jorge un paciente con un autismo severo que falleció hacía algunos meses.

La estadía en este hospital, ya más profundamente, me ha hecho reflexionar acerca de temas filosóficos inconexos que me han hecho crecer bastante. Entre estos encuentro el caso de la “hermana” de Jorge, Natasia.

El caso de Natasia es bastante complejo, es una mujer de unos 24 años, aproximadamente, quien nació sin los sentidos del habla, la escucha ni la vista, lo que le dificulta en extremo la comunicación con otras personas y el aprendizaje de nuevas cosas.

Tan grandes son las limitaciones que esta mujer experimenta, que a la edad que tiene actualmente, sólo ha aprendido lo que un niño de 7 años sabría, lo que causa una gran impresión sobre la condición de un ser humano, y sobre todo el desamparo al que fue sometida desde sus primeros días.

Natasia nació en un hospital del norte. Su padre murió antes de su nacimiento y su madre la abandonó en un hospital psiquiátrico, aconsejada por varios médicos quienes le infundieron una idea sumamente exagerada a cerca de lo que podría ser la crianza de un ser en tal condición. Desde entonces no ha tenido hogar y ha venido siendo trasladada a centros que se puedan ocupar de su instrucción, pero debido a la falta de responsabilidad por parte de su madre, ha sido rechazada en muchas instituciones.

A veces me gustaría poder enseñarle a escribir para que pudiese exteriorizar todo lo que ha pasado a través de su vida, de tan sólo imaginar qué clase de pensamientos puedan atravesar la mente de una persona así, me genera escalofríos.

…

El doctor Woodcock me ha avisado hoy que David ha llamado, anunció que vendrá a visitarme mañana, ¡tengo tantas ganas de verle! Pero últimamente el insomnio no me deja pasar tranquilas noches.

Desearía poder dormir lo que queda de la noche para que al despertar le viese y pudiese abrazarle y besarle.

¡Cuánta falta me has hecho!

Los días han pasado largos y etéreos a mi percepción. No me siento distinta a como me encontraba en casa. Bueno, sí, la única diferencia es que aquí estoy encerrada sin poder salir. Los medicamentos que me han dado según el diagnóstico con el que concluyeron, sólo me atontan y reducen mis capacidades casi hasta el atrofio aunque “padezco” intervalos de lucidez en los que aprovecho para escribir, como en este instante o para socializar fraternalmente con Elissa.

…¡Oh, Elissa!

Es increíble cómo en mi vida diaria interactuaba con personas comunes, algo mediocres, que no tenían mayor pensamiento aparte de lo impuesto por los medios y la cultura basura de las comidas rápidas. Ahora que tengo la oportunidad de conversar con Elissa empiezo a preguntarme si ella en realidad sufre de algún trastorno, pues cuando hablamos su comportamiento es totalmente normal, dentro de los parámetros sociales. Sin embargo, muchas de sus ideas, las cuales algunas son algo descabelladas, me han impactado profundamente, su educación, a pesar de que es algo corta, ha sido bien aprovechada, le gusta mucho la lectura y conoce sobre temas trascendentales como filosofía, música y literatura universal. Es bastante audaz e ingeniosa, me gustaría parecerme un poco a ella en algunos aspectos, porque, como todo ser humano, también posee defectos, a veces es algo imprudente y no mide algunas de sus acciones que puedan tener consecuencias graves.

Varias veces se ha metido en problemas debido a esto y los castigos han sido severos.

Ya son las 8… pronto apagarán las luces y voy sintiendo el llamado a los brazos de Morfeo, intentaré dormir lo más posible, pues hacía mucho tiempo no esperaba el mañana con tanta ansiedad.>>

Esa noche, Caroline buscó el descanso, pero al no poder hallarlo, estuvo silenciosa en la penumbra maquinando pensamientos impuros con respecto a su situación y con respecto a David. Ella le amaba, pero había algo en su inconsciente, tal vez en su contraparte, que continuamente le cuestionaba su actuar, pues los hechos que habían ocurrido, hasta ese instante, eran “pruebas” inéditas de que su amor no era correspondido, más, inevitablemente, Ka, continuaba engañándose a sí misma a cerca de esta condición lo que le cargaba emocionalmente y la incertidumbre de los sucesos que acontecerían al día siguiente empezaron a carcomer su alma.

Estuvo en vigilia hasta entradas las horas de la madrugada, cambiándose de posición con el fin de poder divisar la luna, en cuarto menguante, que se colaba por la pequeñísima, y única, ventana de su sitio de reposo.

Su cuerpo reflejaba la luz de la luna, desnuda se posó bajo los rayos caucásicos que iluminaban su melancólica existencia. Cuando finalmente sintió deseos de dormir, se vistió nuevamente y tendió su humanidad acechada por ideas que revoloteaban por doquier en los sinfines de la habitación.


A la mañana siguiente, seres lujuriosos le despertaron bruscamente; babeantes, observaban con deseo su ser, a lo que ella respondía con la más fría mirada de desprecio.

Tomó una ducha congelada, lo que le espabiló inmediatamente, pues el agua le hacía tiritar por su glacial temperatura. Entumecida, se dirigió al comedor, donde les sirvieron huevos mal cocidos y chocolate en agua, lo que devoró con bestial apetito.

Se hallaba, más que impaciente, distante, pues no sabía a ciencia cierta a qué horas el altavoz anunciaría la llegada de tan esperado ser. Mientras tanto, Elissa le acompañaba, le relataba por quinceava vez la historia de cuando estuvo de vacaciones en Indonesia. Caroline era bastante tímida como para pedirle que se detuviese, pues finalmente no tenía nada más que hacer, aunque se supiera de memoria la historia que su interlocutora repetía en ocasiones de ocio extremo. Algunas veces inventaba variaciones de este relato, con trazos de fantasía perceptibles a simple vista, lo que dejaba por sentado la añoranza de realizar viajes, los cuales resultaban imposibles de llevar a cabo mientras estuviese aprisionada en tan desdichado recinto.

Fue el almuerzo y todavía no se había anunciado la llegada de David; entre más tiempo pasaba, más prestaba atención a lo que Marion le susurraba maléficamente al oído.

Al atardecer, sus esperanzas continuaban en pie, algo debilitadas por la larga espera que le habían hecho pasar, pero creía, o intentaba creer, con toda seguridad, que él vendría a verle. Estuvo sola en el césped del claustro, recostada, observando las nubes pasar, divisando formas inherentes y fantaseando sobre su futuro incierto.

Acompañó a Natasia, como lo hacía ciertos días a la semana, intentando enseñarle diferentes conceptos, pero le resultaba bastante engorroso, pues su percepción era totalmente distinta que la de un ser humano en todas sus facultades.

El ocaso se hacía cada vez más próximo y hasta el momento no se habían dado señales de David, Caroline se dirigía disgustada y cabizbaja hacia su habitación donde entrañaría sus peores pensamientos y como si hubiesen adivinado sus intenciones, de pronto el altavoz hizo su llamado: aquél que había estado esperando.

*Caroline, tienes visita*

Su corazón sintió un gran alivio. – Como siempre llegando tarde. Pensó en tono agridulce.

Al llegar a la recepción vió al Dr. Woodcock hablando con David. Su aspecto era infausto. Las ropas que traía estaban sucias y rotas, su cara se encontraba mucho más delgada que de costumbre y la sonrisa que emergió de sí al ver a Ka era dolorosa.

Caroline corrió y le abrazó fuertemente. – ¿Dónde habías estado?

- Trabajando, este hospital me resulta bastante caro, y tú lo sabes. Pero, ¿cómo has estado, cómo te sientes?, Preguntó mientras su voz se tambaleaba.

- Bien… Me has hecho mucha falta. No te imaginas lo que he pasado aquí, ¡ven! Te contaré todo.

- La verdad es que no puedo demorar demasiado, mi segundo trabajo me espera y no estoy nada cerca de allí.

Caroline soltó un suspiro profundo mientras David no apartaba la mirada de ella.

- ¿Sabes? He estado pasando las noches libres en el cuarto de Alexander.

- ¿Acaso? ¿Qué ocurre allí?, Preguntó Marion disgustada.

- Nada, sólo… me dejo llevar por pensamientos y cuando me doy cuenta, me encuentro recostado al lado de su cuna.

- ¡Deja de ser tan infantil! ¡Él ya no está y nunca volverá! Gritó de repente.

David agachó su cabeza y gimió levemente, intentando no dejar escapar las lágrimas que le acompañaban desde hacía muchas semanas.

- Me voy. Dijo de súbito, a lo que Marion respondió altiva:

- ¡Eso! ¡Lárgate y déjanos tiradas como siempre haces! Esta chiquilla no hace más que pensar en ti, me tiene hastiada con su melosería empalagante, cuando de ti se trata. Lo mejor sería que dejases de alimentar esa ilusión que ella ha construido de lo que sólo son mentiras enmarañadas con las que intenta tapar tu egoísmo.

- ¿¡Dejarlas tiradas!? ¿Acaso comprendes lo que me estás diciendo? Trabajo día y noche para pagarte este maldito antro y ¿es así como me respondes? No digas cosas que de las que te puedas arrepentir.

Dijo ya bastante sulfurado.

- ¡No te olvides que cuando más te necesitábamos estabas pudriéndote en las drogas! Les amabas más que a nosotras, y sólo fuimos un reemplazo mientras estuvimos cargando con tu vástago.

De repente sonó un golpe seco.

David había abofeteado a Marion y su rostro empezaba a enrojecerse por la severidad del golpe. Su mirada iracunda le penetraba, mientras que ella continuaba con su rostro girado.

- Perdóname. Dijo Ka, finalmente. Todavía siente mucho rencor hacia ti, pero sólo he de culparme a mí misma por dejarme convencer de sus bífidos comentarios. Hasta algún punto han de tener razón, ¿no crees?

Hubo un corto silencio.

- Procura no meterte en problemas. Habiendo dicho esto dio media vuelta y se marchó de allí.

Marion, iracunda, se dirigió a la habitación. Gritaba y gemía con desesperación, mientras Caroline, internamente, buscaba la calma del enardecido ser.

La gran rabieta le desgastó en sobremanera, cayendo inconsciente tras un largo período de alaridos y contorsiones indecibles. 

Al despertar, Marion escuchó la voz de Caroline que le decía – Ahora sí pareces una puta loca, finalmente el lugar te ha afectado.

Todavía estaba oscuro, era de madrugada.


David se despertaba en su caseta, últimamente había podido dormir, pues su insomnio desaparecía tras un largo período de estupefacción y sosiego generado por la heroína. A pesar de su pesado dormitar, entre sueños le surgían visiones atormentadoras, veía a su hijo a su lado, y a su mujer del otro.

Se reacomodó para estirarse mientras removía de encima de sí las gruesas cobijas que le cubrían con un cálido abrazo. El sol empezaba a colorear el horizonte con tonos violeta y naranja.

Tocaron a su puerta suavemente.

Era Phil, quien le hacía señas para irse de allí con prontitud.

David se incorporó y organizó la caseta de forma rápida, mientras Phil prendía un cigarro en señal de espera.

- Estás vuelto mierda. Dijo Phil de repente. Indicando con sus dedos la flaqueza de rostro y la notoria pérdida de masa en todo su cuerpo. – Debes recuperarte pronto o terminarás muriendo de pena moral.
David se detuvo de lo que estaba haciendo momentáneamente y sin voltear a mirarle respondió – Justamente eso es lo que más temo. Habiendo dicho esto reanudó su labor y antes de que Phil pudiese acabar su cigarro, ya había cerrado la caseta con llave y se disponía a tomar rumbo hacia su casa, en la cual ya no encontraba un hogar, sino un recinto, una prisión para su ser.

Ya los primeros rayos de sol tocaban las copas de los árboles más altos. Phil continuaba fumando un cigarro tras otro, como si se encontrara desesperado por ver el paquete vacío, mientras David andaba a paso firme con la mirada en el suelo, recorriendo pasadizos internos en busca de las respuestas que dieran fin a su melancolía.

Al llegar a la casa de David, Phil se despidió amablemente y antes de retirarse le advirtió – Todo este asunto te tiene mal, y me parece que como lo estás enfrentando es bastante errado. Pero, ¿Quién soy yo para juzgar? En fin, si necesitas hablar con alguien no dudes en acudir a mí.

David asintió y acto seguido se sumergió en su prisión; instintivamente regresó a la habitación de Alexander.

No había comido nada desde el almuerzo del día anterior. Sus venas ansiaban el líquido profano que lo llevaría a viajes lejanos, fantasiosos e irreales.

Hacía poco había comprado una silla mecedora, en la que se sentaba a observar la cuna vacía y las pinturas en las paredes, tan llenas de recuerdos y sentimientos que su corazón agobiado intentaba contener.

Se irguió en un arrebato de conciencia y se dirigió hacia la salida de la casa, pero antes de alcanzar la puerta escuchó sollozos provenientes del cuarto de Ka.

- ¡Vamos, deja de jugarme malas pasadas! Ya tengo suficiente con todo lo que está sucediendo. Pensó, pero al escuchar nuevamente el llanto, ahora más nítido, se dirigió expectante a esta habitación.

Al llegar allí observó un pequeño bulto sobre la cama.

Cayó de rodillas y quebrantado gimió – ¿Por qué juegas conmigo? Estoy consciente que allí no hay nada, pero aun así logro escuchar un pequeño niño llorar y veo este lastimero manojo de cobijas. ¡Maldita seas, DETENTE!

Huyó de allí sin siquiera cerrar la puerta de la casa tras de sí.

Se encontraba aturdido, caminaba con poco equilibrio, tambaleándose. Chocaba con los demás transeúntes que por allí pasaban, quienes le empujaban o simplemente giraban su cabeza y le dirigían una mirada fugaz aunque llena de odio.

En sus andares notó cómo el cielo se oscurecía a causa de nubes opulentas de agua evaporada que pronto sería arrojada a la superficie de la tierra.

Al llegar a un semáforo tuvo que apoyarse en un poste para no caer al suelo. Las personas ya ni le determinaban, y el semáforo con sus luces burlonas mostraban un hombre en rojo, apagado y sangrante. En un instante observó cómo las farolas sangraban, emanaba una sustancia viscosa y maloliente, la cual era lavada por las gotas que recién anunciaban un aguacero.

Al cambiar de señal y pasar a una persona en verde, todo se esclareció. Atravesó la calle y se dirigió a un callejón oscuro donde se tendió sobre papel periódico. Sus ropas harapientas hacían juego con el escenario en el cual era pasado por pordiosero.

De pronto empezó a llover más duro. Las gotas golpeaban con gran ímpetu toda superficie sobre la que caían. David, entre el papel vio cómo más adentro del callejón se acrecentaban charcos de forma caudalosa y violenta, pues entre mayor era la superficie del charco, más gotas caían dentro de él.

Estuvo entonces bajo la lluvia, ya totalmente lavado, divisando el charco que ya casi le alcanzaba, pues había inundado aquél callejón. Observó entonces un destello azul en el medio del charco lo que le causó gran impresión. Pensó que había sido el reflejo de un trueno, aguzó el oído pero no pudo percibir el estallido del mismo contra la tierra, al divisar aquél destello por segunda vez, más pronunciadamente, se acercó hacia el charco, el cual aumentaba su profundidad a medida que se adentraba en él. Al estar en la mitad del callejón se vio cubierto por el agua hasta más arriba de las rodillas. Indeciso se detuvo un instante, más su curiosidad era mayor y la intriga palpitaba cada vez más fuerte.

Continuó adentrándose y casi llegando al final, donde el agua le llegaba al cuello, pudo notar un enorme hueco que daba desde donde se encontraba hasta la pared donde acababa el callejón. Se sumergió totalmente e intentó divisar el fondo de este profundo manantial escondido entre los muros de una ciudad ruinosa y acelerada.

Al no poder encontrar el fondo decidió subir a la superficie una vez más. Tomó una bocanada de aire y notó que debajo de sí, desde la profundidad emergía una luz, tenue pero nítida.

Decidido, se zambulló una vez más y empezó su descenso, después de pasar la capa de asfalto, la cavidad se ensanchaba, pero sin poder divisar un fondo, continuó nadando hacia la luz que a cada brazada se tornaba más clara.

Hacía rato había pasado el punto de no retorno, aquél en el que todavía es posible regresar a la superficie, el aire se escapaba de sus pulmones y su agotamiento indicaba un final próximo, pero se encontraba ahora más cerca que nunca de la luz. Un sentimiento acogedor que le irradiaba esta luz le permitía continuar descendiendo.

Faltando poco para poder alcanzar el punto de donde emergía dicha luz sintió el último ápice de aire escapar de sí.

- Finalmente, he muerto. Pensó con sosiego, guarecido por la calma que le proporcionaba la cercanía de dicha luz.

Sentía como el líquido neutro llenaba sus pulmones lentamente, mientras flotaba inerte, esperando que su sistema dejase de funcionar.

Cerró sus ojos por última vez. Más sintió la necesidad con afán inherente de volver en sí.
Al abrir los ojos se encontraba nuevamente sentado en la silla mecedora, en el cuarto de Alexander.
El sol se encontraba cercano al ocaso y en su mano derecha sostenía todavía la jeringa con la que había inyectado el analgésico opioide.

Se alistó nuevamente y sin probar bocado salió de su casa hacia la caseta donde empezaría nuevamente este ciclo repetitivo, tambaleante entre la realidad y los macabros espejismos que se irían revelando a medida que incurriera más en este hábito.


Pasaron algunas semanas sin mayor acontecimiento, Caroline continuaba su rutina usual en el hospital. Había acrecentado la compañía que brindaba a Natasia, a quien ya le reconocía y le había dado la confianza suficiente como para llegar a congeniar en algunos asuntos, sin embargo, la comunicación era, de todas formas, bastante complicada.

Elissa seguía inventando historias y leyendo cuentos fantásticos que le transportaran a aventuras fuera de sí, lo que alimentaba sus constantes anhelos de viajar.

Marion se presentaba ocasionalmente, únicamente por ocio, y conversaba con personas cuyos malestares eran mucho más complejos como forma de matar el tiempo. También mostraba algo de interés en el tema de la psiquiatría, pues últimamente había venido sufriendo de prolongadas crisis existenciales, imperceptibles para Caroline, pero que de todas formas alcanzaba a afectar de un modo u otro su estado anímico.


<<Lunes, 3 de Octubre, 1995

Es casi media noche y no puedo conciliar el sueño, tal vez sea por el mes, nunca me gustó octubre, hay algo feo en ésta época del año.

Desde hace dos noches vengo escuchando un bebé llorar, a pesar que esta institución no cuenta con una sección de pediatría, no le he comentado a nadie. Marion ahora se cree psicoanalista, desde que ha estado leyendo acerca del tema, me dice que lo que escucho es una proyección del deseo de tener un hijo, el cual me fue arrebatado, y según los traumas que esto generó, podría estar ocurriendo esto; hasta cierto punto puede que tenga razón, pero ¿desde qué se fundamenta para dictaminarme? Ja! Me causa una gracia infinita que mi pseudopersonalidad tenga el descaro de analizarme, sabiendo que ella, muy seguramente, sea el ejemplo más notorio de mis desvaríos, cosa que he tenido oportunidad de decirle pero que ignora y continúa en su rol de analista, aunque creo que lo hace, más que todo, para matar el tedio de la inactividad.

También he tenido varios sueños algo perturbadores, en uno de ellos me encontraba tras un biombo traslúcido y muchas personas se acercaban del otro lado, más sus ojos parecían linternas de colores fosforescentes y mientras más aguzaba la vista, más linternas aparecían del otro lado y cuando el biombo estuvo totalmente iluminado desperté algo agitada en mi habitación, pero había algo que no era del todo normal, todo se veía más gris y apagado. Salí de mi habitación y el reloj del pasillo se había detenido al marcar las 3, no sé por qué pero sentí una necesidad casi vital de pasar por donde se encontraba el cuarto donde residía Jorge, fue entonces cuando le vi, en el suelo boca arriba con fluidos, espumosos, blancuzcos, brotando de sus orificios nasales. En su agonía apuntó su dedo hacia la pared que tenía en frente, donde divisé una imagen de un ser antropomorfo, pero sus órganos sensoriales se hallaban externos a sí y se conectaban con el cuerpo a través de pesados grilletes y cadenas. Tal vez era la concepción que su experiencia con Natasia le había hecho desarrollar… o, al menos, así lo inferí.

Después de ver detenidamente esta escena, volví a despertar. Esta vez sí me aseguré que estuviera del todo despierta y que mi realidad no se tergiversaría, hasta me atreví a preguntarle a un buitre qué día y hora eran, más el me vio con un gesto de extrañeza, algo jocoso, desde mi perspectiva, sin embargo me respondió acertadamente.

Maldita sea, allí está de nuevo ese mocoso llorando, cada vez se escucha más cerca, anoche estaba a 6 puertas, donde se encuentra la habitación de Elissa, ahora, según calculo, debe estar en el cuarto donde murió Jorge.

He tenido en la mente a David, bueno, más de lo usual. Me pregunto si estará bien… si me habrá olvidado o… ¿superado? Esta última idea me carcome, me desespera y me lleva a un punto de desequilibrio donde no me hallo, pues me fastidia el hecho mismo de existir, el pensamiento se torna una carga tan pesada que anhelo el descanso eterno para poder evitar los procesos mentales que me conducen a maquinar los mismos.

En cuanto a Natasia, las últimas semanas nos hemos podido comunicar ya más fluidamente. Me ha hecho saber con respecto a temas bastante avanzados en cuanto a la percepción y el conocimiento.

Según lo que le he entendido, para ella, el mundo real (exterior a sí) es percibido por obra y gracia de nuestros sentidos, más al tener la privación de los mismos no se puede descartar la teoría de que el mundo, tal y como lo percibimos, es algo netamente interno, puesto que el cerebro asigna ciertas características a los objetos con los que interactuamos, es por esto que lo que suponemos percibir es, realmente, lo que nuestra mente interpreta de los estímulos que recibimos, por lo que no vemos el mundo como es en realidad sino como la interpretación de los sentidos nos lo muestra.

Hemos sostenido una larga discusión sobre este tema y me ha resultado muy edificante.

También me ha comentado que en las noches, cuando ya todo está en calma, viene un ente a visitarle, le ha permitido tocar su rostro. Es un muchacho algo corto de estatura, muy bien parecido, de pómulos finos y mentón perfecto, con grandes ojos y cejas pobladas, de cabello lacio, suave y largo, con una nariz respingada y una cicatriz en la frente. He intentado identificar quién es, pero no he visto a nadie parecido en este sitio. ¿Tal vez sea un buitre?

Me dice que es muy noble y cariñoso con ella, que le abraza y se recuesta en su regazo para que le acaricie, también le ha besado una única vez. Su beso, sabor a chocolate, fue el primero que ella ha probado en su vida.

¡Maldito chiquillo, se ha parado a llorar frente a mi puerta! No sé qué tanto pueda soportar esto, intentaré dormir para no escucharle.

Pero antes de esto, aunque me alegra que Natasia esté viendo a alguien, me preocupa un poco que pueda resultar herida pues veo que ha empezado a tomarle un gran aprecio a esta persona, lo he visto en sus ojos, aunque inservibles para su función natural, destellan un brillo inusual entre su tono gris verdoso cuando habla de él.


¡Finalmente se ha callado! Me dormiré antes de que empiece a llorar de nuevo.>>